Esta es una de esas historias que surgen de otras. Cuando escribimos sobre El Apeadero Land Art, descubrimos la figura de Antonio López-Peláez, ingeniero de caminos, canales y puertos y también artista de land art. Para mí, resultó paradójico saber que existían obras de envergadura en nuestra provincia, obras que recordaban por ejemplo, a las de Nancy Holt, papisa del land art mundial.

Up and Under. Nancy Holt. Obra de la artista americana cerca de Tampere, Finlandia

Up and Under. Nancy Holt. Obra de la artista americana cerca de Tampere, Finlandia

Antonio López-Peláez desarrolló parte de su labor como ingeniero en la Confederación Hidrográfica del Duero, también participó activamente en la Asociación Cauce Histórico Presa Cerrajera, como conferenciante y divulgador de aspectos relacionados con la importancia del agua y la historia de la propia Presa. Su faceta artística es mucho más difícil de rastrear y sólo la hemos conocido a través de “Territorio Público”, la revista que el Apeadero, Centro de Operaciones de Land Art, publicó en 2002 y 2003.
En cada uno de los dos números de la publicación, Antonio López-Peláez firma un artículo. En el número 0 (2002) escribe “Naturaleza y arte en la naturaleza”. En él, reflexiona sobre la irrevocabilidad del land art y la responsabilidad adicional del artista; señala también como aprovecha su doble condición de ingeniero y adepto al land art.
Describe luego el proceso de creación de las tres grandes obras que dejó en la provincia: Apoptosis, Cíclope y Zauberberg.

La obra de Antonio López-Peláez

En 1997, cerca de Villalobar, se lleva a cabo una obra de ingeniería cuyo resultado es un caudal que sale como un enorme manantial del suelo. Se trata de una tubería subterránea que se conecta con un canal de riego siendo el agua del río Esla bombeada hacia arriba. Para Antonio López-Peláez es un “generador de formas efímeras”. El nombre de la obra “Apoptosis” hace referencia a lo que en biología se conoce como una especie de mecanismo de muerte programada genéticamente. Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y, por último, degeneran y mueren. Las gentes de los alrededores conocen la obra como “la roseta”.
Al lado de la localidad de Azadón se yergue el “Cíclope” desde 1998. López-Peláez aprovechó unas dovelas de hormigón circulares sobrantes de un túnel hidráulico de 2 kilómetros construido en la zona. La sección circular utilizada tiene 3,52 metros de diámetro y está colocada a modo de ventana sobre una base también de hormigón. El exterior está pintado de blanco y el interior de azul lapislázuli. Es un azul que enmarca otro azul, el del cielo.
También en 1998 se crea “Zauberberg”, “Otro caso de inserción de los criterios y actitudes del land art en la realización de obras de ingeniería”. Con motivo de la construcción de una gran balsa de regulación de agua para el riego, se excavó un área bastante extensa; la obra dio lugar a un enorme excedente de tierra. “Zauberberg” se levanta a las afueras de Santa Cristina del Páramo y los habitantes de la zona, comentaron la ausencia de relieve del horizonte. Se decidió entonces construir una colina, pero de manera que las especies vegetales pudiesen crecer sobre ella. Tiene un sendero en espiral para poder alcanzar la pequeña cima y experimentar la obra, tal y como se hace con las grandes creaciones del land art. El nombre de la obra es un guiño a la novela del autor alemán Thomas Mann, “La montaña mágica”:
“La erosión se produce de forma semejante a la que se observa en las colinas naturales y contribuye a naturalizar el aspecto en cada estación que transcurre. El tiempo es, por tanto, un ingrediente esencial, como siempre suele serlo”

En el número 1 de “Territorio Público” (2003), escribió “¡Plof! Ruido de agua”, un texto cuyo título homenajea al más famoso autor japonés de haikus, Basho. Es un artículo en el que habla de un proyecto en la Laguna de Valdematas . La laguna existe, desde luego, pero lo que Antonio López-Peláez imaginaba, eso, desconocemos si se llevó o no a cabo. Pretendía la “(…) formación de una verdadera trama ambiental y un paisaje coherente, con carga emocional y sensorial importante”. Era consciente de que el tiempo, como en “Zauberberg”, era el factor esencial que modificaría y reharía la obra.
Este artículo quiere ser un pequeño homenaje a Antonio López-Peláez, fallecido el 18 de mayo de 2015. Él se ha ido, pero sus obras permanecen.

Texto: María Gómez
Fotografía: María Gómez y Antonio Juárez

3 comentarios

  1. José Quindós on

    Enhorabuena, interesantīsimo, voy a ir a conocerlas todas.

  2. RAFAEL MILLAN ACEDO on

    Poco a poco con vuestro trabajo, vais haciendo que Leon deje de estar “olvidado”