El llamado Año Dual España- Japón ha dejado en León dos eventos bien distintos. El primero de ellos fue la magnífica exposición del MUSAC, Lo real maravilloso; el segundo ha sido más modesto pero también más cargado de simbolismo. A mediados de julio se inauguró en el albergue de Molinaseca una escultura tallada en un nogal vivo. La figura es una representación femenina de Buda conocida entre los japoneses como Kannon y  asociada sobre todo a la compasión.

El Año Dual conmemoró el 400 aniversario de un curioso episodio histórico, la embajada Keichō. A pesar de no haber tenido una gran trascendencia, supone uno de los escasísimos contactos diplomáticos entre Occidente y Japón antes del período Edo, que sellaría el país a casi toda relación con el exterior desde el siglo XVII hasta mediados del XIX. El principal objetivo de este Año Dual ha sido “(…) impulsar el entendimiento mutuo entre Japón y España y abrir nuevos horizontes en las relaciones bilaterales de cara al futuro”.

La historia del Buda de Molinaseca comienza en el año 2010 cuando una delegación del municipio fue invitada a visitar la Ruta de los 88 Templos de Shikoku. En el curso de ese viaje conocieron el trabajo del escultor Bonkai, un artista de por entonces 67 años cuyo verdadero nombre  es Fumiaki Ogita. Ogita domina una técnica llamada ikiki jizo, que puede traducirse como buda en madera viva. El alcalde manifestó su interés por la obra y, finalmente, Bonkai esculpió en Molinaseca  la figura que nos ocupa.

Pero esta escultura tiene una lectura más profunda. Molinaseca es un punto significativo en el Camino de Santiago y desde el año 2006, la ruta jacobea está hermanada con la de Kumano Kodo, situada en Japón. Ambas son las únicas rutas de peregrinación calificadas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Ahora, es otra importante ruta espiritual japonesa la que busca un hermanamiento con nuestro camino. Se trata de la antes mencionada de los 88 Templos de Shikoku, la Shikoku Henro. La isla de Shikoku se sitúa al sureste de Japón y alberga esta ruta espiritual de más de 1200 años de antigüedad y 1300 kilómetros de recorrido. Una curiosidad es que los peregrinos de este camino, al igual que los de Santiago, tienen su propia indumentaria que incluye entre otras prendas, un peculiar sombrero y un cayado de madera.

Este Buda en el nogal del albergue de peregrinos de Molinaseca nos transporta en un viaje de ida y vuelta al otro lado del mundo, emulando a aquel samurái, Hasekura Tsunenaga  que, entre 1613 y 1621, capitaneó el  extraordinario viaje de la embajada Keichō.

Texto: María Gómez
Fotografía: Antonio Juárez

2 comentarios

  1. qué bien documentado 😉
    ya tengo ganas de disfrutar de la zona de nuevo , parando obligatoriamente a ver ese Buda vivo , al estar en un årbol que sigue creciendo