El viajero que haya pasado por las inmediaciones del Valle de Mirantes sin duda se habrá fijado en el singular paisaje de las sabinas salpicando las rocas, manchas verdes sobre gris plata.

La sabina albar es conocida también como enebro. Parece ser que ocupó amplias extensiones en épocas en las que el clima era más seco y frío pero ahora solo se distribuye al suroeste de Europa y el noroeste de África. Los sabinares ibéricos son capaces de resistir unas condiciones ambientales muy adversas siendo una especie ideal para repoblar lugares que han sufrido fuegos, talas o sobrepastoreo. En nuestra comunidad las sabinas ocupan más de 200.000 hectáreas de las cuales apenas 2000 están en León. La Junta de Castilla y León, por medio del Centro de Investigación y Experiencias Forestales Valonsadero y el Centro de Servicios y Promoción Forestal y de la Industria de Castilla y León (CESEFOR), ha mostrado cierto interés por la especie, organizando en Soria el tercer coloquio internacional sobre la sabina en 2006.

Si queremos conocer de cerca el sabinar de Mirantes podemos recorrer una ruta que comienza en la propia localidad de Mirantes de Luna y se adentra en el valle.

Una cantera de caliza, hoy cerrada, fue la responsable de la desaparición de más de 200 sabinas al extender su explotación cuatro hectáreas más de su concesión. Denunciados los responsables, éstos resultaron absueltos en 2011. En este país de pandereta no sorprende que los autores de tamaña barbaridad se fuesen de rositas una vez bien llenos sus bolsillos. Que las sabinas los maldigan…

Texto: María Gómez
Fotografía: Antonio Juárez

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