La historia de la restauración y apertura al público de la Villa Romana de Navatejera recuerda al cuento de nunca acabar, ¿quieres que vuelva a empezar?

Y el asunto tiene su enjundia porque la villa fue excavada y protegida con un vallado allá por finales del siglo XIX.

La historia comienza en 1885 cuando unas fuertes lluvias provocan una gran riada que deja al descubierto los restos de unos pavimentos antiguos que pronto se identificaron como romanos. En ese mismo año, los restos ya se excavaron durante tres meses y en los dos años siguientes se llevaron a cabo otras dos campañas.

Pronto se percataron las autoridades de la necesidad de proteger de algún modo los descubrimientos y en 1886 se emplea a un guarda para tal cometido. Posteriormente, en una Real Orden de 1889, se aprueba la construcción de un vallado y de estructuras para proteger los mosaicos. Para ello se destinan 8746 pesetas y 56 céntimos a cargo del Ministerio de Fomento. Saltamos ahora a 1931, año en que la villa romana de Navatejera es declarada Monumento Histórico Artístico. Y después, silencio. Al menos hasta finales de los años 70.

Los arqueólogos Fernando Miguel y Carmen Benéitez en su artículo “Relectura arqueológica de la villa romana de Navatejera” dan noticia de una nueva excavación de tipo preventivo en 1976. También señalan que en 1984, se promueve “un plan de rehabilitación de la villa que comprende obras de limpieza, excavación y restauración” y que se ejecuta dos años después. Serán ellos los que llevarán a cabo el último estudio exhaustivo de los restos dando a conocer los resultados en el año 96.

Fernando Regueras Grande, Investigador Asociado al Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, explica que una villa romana era “al mismo tiempo granja y “cortijo”, explotación económica (minera agropecuaria) y casa solariega”. La de Navatejera era mucho más grande de lo que vemos hoy; se extendía bajo la actual carretera y más allá. Habría sido construida hacia el I a. C. aunque sería en los siglos IV-V de nuestra era cuando alcanzó su esplendor. Se organizaba en tres partes: la habitacional en la que se encontraron interesantes mosaicos, las termas y la destinada a funciones relacionadas con el campo. Son de señalar dos particularidades, la primera, la existencia de un horno de cocción de los materiales de construcción de la propia villa y la segunda, los restos de una edificación de planta en forma de cruz que podrían relacionarse con el acercamiento de los romanos al cristianismo en el siglo V.

La suerte del material encontrado durante las excavaciones es dispar. De algunos objetos no se sabe nada, otros como un busto de Aestas (el Verano), se exponen en el Museo de León. Precisamente desde 1992 la villa se adscribió al Museo de León como parte anexa al mismo y en el edificio de Pallarés se expone una maqueta que la recrea.

En nuestra provincia existieron muchas otras villas que, dice Fernando Regueras, fueron:

“(…) modelos durante décadas de las pocas excavadas en la Península Ibérica; contramodelos hoy- y desde hace demasiado tiempo- de infortunios, desidias y expolios sin cuento”

Dentro de su infeliz destino tal vez podamos considerar la de Navatejera afortunada. En el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Texto: María Gómez
Fotografía: Antonio Juárez y
Gentileza del Museo de León

*Miguel, F. y Benéitez, C.: “Relectura arqueológica de la villa romana de Navatejera”, Numantia 6, Valladolid, 1996, pp. 103-126.
*Regueras Grande, F.:”Villas romanas leonesas: una ordenación”, Arqueoleón. Historia de león a través de la Arqueología” (1996), pp. 91-106.

 

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